Entrades populars

divendres, 5 de desembre de 2014

"PARIS-MANHATTAN" de Sophie Lellouche



En Francia siempre han admirado a los maestros del cine americano que se salen de la norma del cine comercial, desde Orson Welles y Alfred Hitchcock a los independientes como John Cassavetes o Robert Altman. Pero Woody Allen es especial para nuestros vecinos, ya que le consideran el más europeo de los cineastas de EEUU, y éste corresponde con su admiración por Truffaut y Renoir, los dos grandes maestros franceses del cine.
La novel directora Sophie Lellouche, hija de otro cineasta, Claude Lellouche (“Un hombre y una mujer”), debuta con esta película que es un claro homenaje del cine francés al maestro de Nueva York, eso sí, desde el cine comercial, no desde el “de autor”, que ahí es un tótem sagrado que celebra sus obras maestras, desde “Delitos y faltas” a “Hanna y sus hermanas”, pasando por “Match Point”.
La farmacéutica parisina Alice Ovetz (Alice Taglioni, la top model de “El juego de los idiotas”) tiene  30 años y sigue soltera, mientras su prepotente hermana, abogada, se ha casado y tiene una hija adolescente.
Alice es una fan del cine de Woody Allen, el cual le da consejos sentimentales a través de un póster suyo siempre presente en la salita de su casa. Es la voz en off de Allen la que se escucha, y Alice sostiene con él unos peculiares diálogos, que recordarán a los que él mismo tenía con Humphrey Bogart en “Sueños de un seductor”, aunque aquí se limita a reproducir fragmentos de diálogos de su filmografía.
Conocerá a varios hombres, entre ellos a un músico, pero será Victor (Patrick Bruel, actor y cantante al que hemos visto en “Los ojos amarillos de los cocodrilos”) quien también pueda tener algo con ella. Victor es especialista en instalación de alarmas antirrobo, un tipo peculiar.
También están los padres de Alice, y entre ellos destaca el siempre eficaz Michel Aumont (“Salir del armario”) como el padre de Alice. Todos ellos formarán un peculiar universo de personajes que también recordarán a las primeras películas cómicas de Allen, aunque con toque totalmente francés.
Aumont y Bruel son lo mejor de la película y tienen a su disposición algunas escenas de notable humor negro o surrealista, como cuando el segundo ve una escena de una película de Allen sobre la peculiar relación de un hombre con una oveja. El resto cunple con profesionalidad en medio de un reparto coral. Lo mismo podemos decir de la prota, Alice Taglioni, que sigue en sus papeles de chica despampanante, aunque como actriz cómica siga siendo mediocre, pero si le ponen un buen guion y arropada por buenos actores, se salva.
La directora se ha basado en películas de Allen como “Hanna y sus hermanas”, “Manhattan” o “Misterioso asesinato en Manhattan” para el guion, y Allen saldrá en los últimos minutos interpretándose a sí mismo.
Justamente aquí, cuando Allen salga, que debería ser el mejor momento de una película que le homenajea, es cuando el filme decaerá, su notable sentido del humor dará un giro absoluto y se volverá comedia romántica de Hollywood, algo que Allen jamás hubiera hecho (él detesta totalmente ese tipo de cine), y él mismo aparecerá como un consejero sentimental digno de Frank Capra para que todo acabe en un pastelazo de “happy end”. Lellouche hija ha caído ahí en los tics del cine de su padre, que siempre tendía a la cursilada en su obra. Agnès Jaoui, que se inspira en Allen para sus filmes en donde como él satiriza la condición humana (“Para todos los gustos”, “Como una imagen”…), sí hubiera hecho una gran película.

PARIS-MANHATTAN: * *

"PARIS-MANHATTAN" de Sophie Lellouche

A França sempre han admirat els mestres del cinema americà que es surten de la norma del cinema comercial, des d’Orson Welles i Alfred Hitchcock als independents com John Cassavetes o Robert Altman. Però Woody Allen és especial per als nostres veïns, ja que el consideren el més europeu dels cineastes dels EUA, i aquest correspon amb la seva admiració per Truffaut i Renoir, els dos grans mestres francesos del cinema.
La novella directora Sophie Lellouche, filla d'un altre cineasta, Claude Lellouche ("Un home i una dona"), debuta amb aquesta pel·lícula que és un clar homenatge del cinema francès al mestre de Nova York, això sí, des del cinema comercial, no pas des del "d'autor", que aquí és un tòtem sagrat que celebra les seves obres mestres, des de "Delictes i faltes" a "Hanna i les seves germanes", passant per "Match Point".
La farmacèutica parisenca Alice Ovetz (Alice Taglioni, la top model d’"El joc dels idiotes") té 30 anys i continua soltera, mentre la seva prepotent germana, advocada, s'ha casat i té una filla adolescent.
Alice és una fan del cinema de Woody Allen, el qual li dóna consells sentimentals a través d'un pòster seu sempre present a la saleta de casa. És la veu en off d'Allen, la qual s'escolta, i Alice sosté amb ell uns peculiars diàlegs, que recordaran als que ell mateix tenia amb Humphrey Bogart a "Somnis d'un seductor", encara que aquí es limita a reproduir fragments de diàlegs de la seva filmografia.
Coneixerà a diversos homes, entre ells a un músic, però serà Victor (Patrick Bruel, actor i cantant al qual hem vist en "Els ulls grocs dels cocodrils") qui també pugui tenir alguna cosa amb ella. Victor és especialista en instal·lació d'alarmes antirobatori, un tipus peculiar.
També hi ha els pares d'Alice, i entre ells destaca el sempre eficaç Michel Aumont ("Sortir de l'armari") com el pare d'Alice. Tots ells formaran un peculiar univers de personatges que també recordaran les primeres pel·lícules còmiques d'Allen, encara que amb toc totalment francès.
Aumont i Bruel són el millor de la pel·lícula i tenen a la seva disposició algunes escenes de notable humor negre o surrealista, com quan el segon veu una escena d'una pel·lícula d'Allen sobre la peculiar relació d'un home amb una ovella. La resta cunple amb professionalitat enmig d'un repartiment coral. El mateix podem dir de la prota, Alice Taglioni, que segueix en els seus papers de noia sensacional, encara que com a actriu còmica segueixi sent mediocre, però si li posen un bon guió i acompanyada per bons actors, se salva.
La directora s'ha basat en pel·lícules d'Allen com "Hanna i les seves germanes", "Manhattan" o "Misteriós assassinat a Manhattan" per el guió, i Allen sortirà en els últims minuts interpretant-se a si mateix.
Justament aquí, quan Allen surti, que hauria de ser el millor moment d'una pel·lícula que li fa un homenatge, és quan el film caurà, el seu notable sentit de l'humor farà un tomb absolut i es tornarà comèdia romàntica de Hollywood, cosa que Allen mai no hauria fet (ell s’odia totalment, aquest tipus de cinema), i ell mateix hi apareixerà com un conseller sentimental digne de Frank Capra perquè tot acabi en un pastís de "happy end". Lellouche filla ha caigut aquí dins els tics del cinema del seu pare, que sempre queia dins la cursilería, a la seva obra. Agnès Jaoui, que s'inspira en Allen per als seus films, on com ell satiritza la condició humana ("Per a tots els gustos", "Com una imatge" ...), si hauria fet una gran pel·lícula.

PARIS-MANHATTAN: * *


DOS DÍAS UNA NOCHE de los Hermanos Dardenne DOS DIES UNA NIT dels Germans Dardenne



Los hermanos Luc y Jean-Pierre Dardenne son dos hermanos cineastas belgas, que siguen el mismo camino que sus colegas y también hermanos, los italianos Paolo y Vittorio Taviani, estos autores de películas como “Padre Padrone” o la ganadora en Berlín “César debe morir”. Cine social que plantea temas claros, de no fácil digestión por un espectador medio, a veces muy duros.
Un cine que no acierta en muchas veces, ya que como hacen muchos cineastas, van más a impactar como sea, de manera sensacionalista o demagógica, pero es válido por que los Dardenne saben darle a sus historias un estilo que respira veracidad. Han ganado dos veces en Cannes con “Rosetta” y “El niño”, y con su anterior película, “El niño de la bicicleta”, consiguieron una nominación al Óscar.
Ahora, Bélgica, su país natal, les recompensa con elegir su película para representar al país de Jacques Brel, veremos si consigue algo, pues el cine social nunca ha sido demasiado recompensado en la categoría de filme extranjero, salvo excepciones como la danesa “Pelle el Conquistador”, que en 1989 ganó la estatuilla cuando Pedro Almodóvar concurría por primera vez con “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.
Por primera vez, los Dardenne recurren a una estrella de fama internacional como protagonista, como la actriz francesa Marion Cotillard, que tan bien supo recrear a la inigualable Edith Piaf en “La vida en rosa”, con la que ganó el Óscar a la Mejor Actriz. Ella aceptó, pues en Francia es normal ver a la mayoría de sus actores haciendo cine comercial o de autor (la prueba es su desgarrador personaje de tullida en “De óxido y hueso” de Jacques Audiard), y se mete en la piel de Sandra, una mujer casada y con dos hijos que trabaja en una fábrica de una ciudad belga, que estuvo de baja por depresión, y se entera por el jefe de personal que puede volver a trabajar siempre que sus compañeros de trabajo renuncien a cobrar una paga extra. Si no, ella será despedida.
Se entera por su compañera de trabajo Juliette que se ha convocado una nueva votación en pocos días, y tendrá un fin de semana para convencer a varios compañeros de trabajo que hagan ese sacrificio por ella. Les visitará uno a uno, con reacciones diferentes, por supuesto, y de todo tipo. Encontraremos reacciones solidarias, otras todo lo contrario e incluso alguna realmente violenta y truculenta.
El estilo aquí de los Dardenne es la renuncia total a la espectacularidad, incluida la música en la banda sonora (sólo se oirá música en ésta película si se escucha en la radio de un coche o en la música de ambiente), para conseguir la máxima verosimilitud y sin querer en ningún momento caer en la moralina o en presentar a determinados personajes como buenos perfectos.
Ahí hay una de las virtudes del filme, y también uno de sus mayores defectos, pues a veces pasa de presentarnos la enésima petición de Sandra a alguien del trabajo que renuncie a su paga extra para que ella siga trabajando con toques repentinos de violencia latente, como la salvaje agresión del hijo de un compañero de trabajo a su padre y a la propia Sandra, dejándolos allí abandonados y tirados en el suelo, mientras él se largaba en su coche con su novia, a la que él trataba más como a una esclava que a una novia.
Para que lo entendamos, los directores usan un estilo frío, distante, que le da absoluta veracidad a todo, por lo que conviene ir mentalizados para ver la película, que sabiamente dura una hora y media, no se alarga demasiado, pues lo que cuenta en el fondo es muy sencillo. Y por ello cuesta conectar del todo, aunque los repentinos cambios antes mencionados nos toquen en el alma y volvamos a conectarnos.
Todos los trabajadores son de orígenes diferentes, ya que hay belgas, africanos e incluso gente de habla hispana. Nos sorprenderemos gratamente con la reacción de uno de ellos, que rompe a llorar y dice que apoyará a Sandra, ya que ella le ayudó cuando lo necesitaba. Eso es lo que plantean los Dardenne, casi como hacen las obras teatrales de Shakespeare, las dudas, miedos y mezquindades del alma humana, aquí desnuda de artificios y de esos tópicos de Hollywood.
Dejé para el final a la protagonista, Marion Cotillard, que encarna su personaje de manera sobria, aparentemente impasible, sin histrionismos ni arranques de rabia estilo Hollywood. Tampoco va maquillada de manera espectacular, sino anodina, como cualquier trabajadora del extrarradio. Ello hace que su interpretación sea grandiosa, y sea por donde el espectador, sobre todo el parado o el que ve peligrar su trabajo, sienta lo que pasa, y cómo los egoísmos y miedos personales nos hacen ignorar que otra persona necesita nuestra ayuda. Eso sí, Sandra lamenta en varias ocasiones ir de casa en casa a pedirles eso, sintiéndose una mendiga.
Un tipo de cine que no es fácil de degustar, pero que es necesario que se haga, que no va en ningún momento con los delirios de grandeza de cualquier superproducción de Hollywood. Y que es de actualidad, desgraciadamente, con esas miles de fábricas donde sus dueños deciden reducir plantillas y mandar al paro a trabajadores como quien se come un bocadillo de anchoas.

DOS DÍAS, UNA NOCHE: * * *

"DOS DIES, UNA NIT" DELS GERMANS DARDENNE

Els germans Luc i Jean-Pierre Dardenne són dos germans cineastes belgues, que segueixen el mateix camí que els seus col·legues i també germans, els italians Paolo i Vittorio Taviani, aquests autors de pel·lícules com a "Pare Patró" o la guanyadora a Berlín "César ha de morir". Cinema social que planteja temes clars, de no fàcil digestió per un espectador mitjà, sovint molt durs.
Un cinema que no encerta moltes vegades, ja que com fan molts cineastes, van més a impactar com sigui, de manera sensacionalista o demagògica, però és vàlid perquè els Dardenne saben donar-li a les seves històries un estil que fa olor de veracitat. Han guanyat dues vegades a Canes amb "Rosetta" i "El nen", i amb la seva anterior pel·lícula, "El nen de la bicicleta", van aconseguir una nominació a l'Óscar.
Ara, Bèlgica, el seu país natal, els recompensa amb triar la seva pel·lícula per representar el país de Jacques Brel, veurem si aconsegueix alguna cosa, ja que el cinema social mai no ha estat massa recompensat dins la categoria de film estranger, llevat d'excepcions com la danesa "Pelle el Conqueridor ", que el 1989 va guanyar l'estatueta quan Pedro Almodóvar concorria per primera vegada amb "Dones a punt d'un atac de nervis".
Per primera vegada, els Dardenne contracten una estrella de fama internacional com a protagonista, com l'actriu francesa Marion Cotillard, que tan bé va saber recrear a la inigualable Edith Piaf a "La vida en rosa", amb la qual va guanyar l'Oscar a la Millor actriu. Ella va acceptar, ja que a França és normal veure la majoria dels seus actors fent cinema comercial o d'autor (la prova és el seu punyent personatge de tolida a "D’òxid i os" de Jacques Audiard), i es fica en la pell de la Sandra, una dona casada i amb dos fills que treballa a una fàbrica d'una ciutat belga, que va estar de baixa per depressió, i s'assabenta pel cap de personal que pot tornar a treballar sempre que els seus companys de feina renunciïn a cobrar una paga extra. Si no, ella serà acomiadada.
S'assabenta per la seva companya de feina, la Juliette, que s'ha convocat una nova votació en pocs dies, i tindrà un cap de setmana per convèncer a diversos companys que facin aquest sacrifici per ella. Els visitarà un darrera l’altre, amb reaccions diferents, és clar, i de tot tipus. Trobarem reaccions solidàries, d’altres tot el contrari i fins i tot alguna realment violenta i truculenta.
L'estil aquí dels Dardenne és la renúncia total a l'espectacularitat, fins i tot a la música dins la banda sonora (només es sentirà música en aquesta pel·lícula si s'escolta a la ràdio d'un cotxe o dins la música d'ambient), per aconseguir la màxima versemblança i sense voler en cap moment caure en la moralina o a presentar a determinats personatges com a bons perfectes.
Aquí hi ha una de les virtuts del film, i també un dels seus majors defectes, doncs de vegades passa de presentar l'enèsima petició de la Sandra a algú de la feina que renunciï a la seva paga extra perquè ella segueixi treballant amb tocs sobtats de violència latent, com la salvatge agressió del fill d'un company de feina al seu pare i a la pròpia Sandra, deixant-los allà abandonats i caiguts a terra, mentre ell es deixava anar en el seu cotxe amb la seva xicota, a la qual ell tractava més com a una esclava que no pas com una xicota.
Perquè ho entenguem, els directors fan servir un estil fred, distant, que li dóna una absoluta veracitat a tot, de manera que convé anar-hi mentalitzats per veure la pel·lícula, que sàviament dura una hora i mitja, no s'allarga massa, ja que allò que compta en el fons és ben senzill. I per això costa connectar del tot, encara que els sobtats canvis abans esmentats ens toquin en l'ànima i tornem a connectar.
Tots els treballadors són d'orígens diferents, ja que hi ha belgues, africans i fins i tot gent de parla hispana. Ens sorprendrem gratament amb la reacció d'un d'ells, que trenca a plorar i diu que donarà suport a Sandra, ja que ella el va ajudar quan ho necessitava. Això és el que plantegen els Dardenne, gairebé com fan les obres teatrals de Shakespeare, els dubtes, pors i mesquineses de l'ànima humana, aquí nua d'artificis i d'aquests tòpics de Hollywood.
Vaig deixar per al final la protagonista, la Marion Cotillard, que encarna el seu personatge de manera sòbria, aparentment impassible, sense histrionismes ni arrencades de ràbia estil Hollywood. Tampoc va maquillada de manera espectacular, sinó anodina, com qualsevol treballadora de l'extraradi. Això fa que la seva interpretació sigui grandiosa, i sigui per on l'espectador, sobretot l'aturat o el que veu perillar la seva feina, senti el que passa, i com els egoismes i pors personals ens fan ignorar que una altra persona necessita la nostra ajuda. Això sí, Sandra lamenta en diverses ocasions anar de casa a casa a demanar-los això, sentint-se una captaire.
Un tipus de cinema que no és fàcil de degustar, però que cal que es faci, que no va en cap moment amb els deliris de grandesa de qualsevol superproducció de Hollywood. I que és d'actualitat, malauradament, amb aquestes milers de fàbriques on els seus amos decideixen reduir plantilles i enviar a l'atur a treballadors com qui es menja un entrepà d'anxoves.


DOS DIES, UNA NIT: * * *